JUAN FERNÁNDEZ DE HEREDIA
Si hacemos un pequeño recorrido por fuentes documentales, veremos
como Don Juan Fernández de Heredia fue uno de los personajes europeos
más notables e importantes de su tiempo, en el esplendor de la Edad
del Gótico.
Según escribe Guillermo Fatás
en un artículo del Heraldo de Aragón fechado el 8 de julio
de 1995, J.F.H. fue para los estudiosos de la cultura, un humanista de
primer orden, mecenas de todos los artes, sabio y erudito él mismo,
conocedor de los clásicos griegos y latinos, traductor de algunos
al romance, bibliófilo y promotor de la belleza. Para otros, fue
un singular talento internacionalista y diplomático, activo en todos
los lugares importantes de Europa, conocedor de las cortes y sus príncipes,
sin excluir la pontificia.
Otros más lo reputan como egregio hombre de Estado y religión, toda vez que llegó a ocupar el poderosísimo solio de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, especie de empresa transnacional con intereses de gran envergadura por toda la cuenca del Mediterráneo. Y también los hay que destacan sus condiciones como jefe de guerra y caudillo de ejércitos. Vivió larguísimos años, entre 1310 y 1396, naciendo en Munébrega (Zaragoza), y puede decirse con rigor que no hubo en Europa, así católica como bizantina, persona de nota que no tuviese noticia de este gran señor y respeto sincero por sus dotes y grandeza.
El Gran Maestre de la Orden del Hospital gobernaba hombres, tierras y jurisdicciones
desde el Asia hasta el Atlántico y sus Estados le conferían
ingentes recursos de toda suerte. Antes de serlo don Juan, fue servidor
directo de reyes y pontífices, mediador entre ellos, querrero que
lucho en la tracendental batalla de Crécy y , también, triste
preso de los poderosos turcos otomanos.
Conoció personalmente Jerusalén,
Anatolia, Rodas, el Empiro y, por descontado, las cortes de Aviñón,
de París, de Pamplona, de Burgos, de Zaragoza, de Roma. Mandó
escribir y revisó o escribió él mismo una obra empeñosa
e importante , como fue una Grant Crónica
de Espanya, que ha llegado bastante completa hasta nosotros, y también
bajo su tutela inteligente y crítica y con su intervención
se escribieron la Crónica de los Conquiridores, el Libro
de los Emperadores, el de los
Fechos e Conquistas del Principado
de Morea, una bella Flor de las Ystorias de Orient y un Libro
de Marco Polo.
Se ocupó de traducir las imperecederas Vidas Paralelas de Plutarco a su romance materno y dispuso igualmente pulidas traducciones de Tucídices, el maestro griego de la Historia, de Orosio, flor de historiadores cristianos de la Antigüedad, y de otros más.
Probablemente no hay ningún otro personaje hispano, acaso excepción
hecha del mismísimo Alfonso X el Sabio, que alcanzase tanto porte
universal durante su dilatada vida. Por él y su armada dominaron
un tiempo nuestros reyes las lejanas tierras griegas, y no el Duque de
Durazzo, Luis de Navarra, que las iba a ocupar. El inmortal Zurita atestigua
que cuando Pedro Martínez de Luna, Cardenal de Aragón y ya
papa Benedicto XIII, llego a ocupar el trono pontificio en el exilio
papal de Aviñón, encontró pignorados incluso los ornamentos
sagrados de la capilla reservada al titular de la Sede de Pedro y que fue
don Juan quien, con sus bienes, rescató a don Pedro de tanta necesidad
y le permitió, con ello, inaugurar con fuerza su largo y dramático
mandato.
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